Las catacumbas de París son uno de los lugares más curiosos y bellos del mundo
para los amantes de lo macabro y lo extraño. Fue en el año 1785 cuando se tuvo
la idea de trasladar allí los huesos del poco higiénico cementerio de Les
Halles, y para dejar espacio en los distintos cementerios de la ciudad, que
estaban ya a tope de su capacidad, para ello se aprovecharon las canteras
excavadas en la época galorromana a 20 metros de profundidad.
En 1777, la explotación de las canteras en el subsuelo de la ciudad, que se había iniciado desde el siglo XIII, alcanzó un punto crítico, la red de galerías puso en peligro los edificios de la superficie y el temor a que los cuerpos en descomposición comenzaran a propagar enfermedades y a causar epidemias, llevó a retirar las osamentas de los cementerios y a colocarlos en esta red de túneles.
Durante 15 meses, se trasladaron millones de huesos de muchos cementerios, en carruajes, cruzando la ciudad de noche y colocándolos en forma de muralla con una placa identificando la procedencia de los restos y pequeños altares con epitafios en latín que adornan el camino. Este tipo de transferencias de restos humanos continuaron hasta la década de 1870 y se llegaron a acumular en las catacumbas los restos de seis millones de parisinos.
En 1777, la explotación de las canteras en el subsuelo de la ciudad, que se había iniciado desde el siglo XIII, alcanzó un punto crítico, la red de galerías puso en peligro los edificios de la superficie y el temor a que los cuerpos en descomposición comenzaran a propagar enfermedades y a causar epidemias, llevó a retirar las osamentas de los cementerios y a colocarlos en esta red de túneles.
Durante 15 meses, se trasladaron millones de huesos de muchos cementerios, en carruajes, cruzando la ciudad de noche y colocándolos en forma de muralla con una placa identificando la procedencia de los restos y pequeños altares con epitafios en latín que adornan el camino. Este tipo de transferencias de restos humanos continuaron hasta la década de 1870 y se llegaron a acumular en las catacumbas los restos de seis millones de parisinos.
Muchos turistas con ganas de sensaciones fuertes
visitan estos subterráneos con millones de viejos huesos humanos, que nos
recuerdan una parte de la historia antigua de París durante la Segunda Guerra
Mundial; la Resistencia se refugió en estos subterráneos insalubres para escapar
de los nazis. En la entrada de las catacumbas, un cartel advierte del
carácter extraño del lugar: ¡Deténganse! Aquí comienza el imperio de la
muerte!".
Siniestras calaveras, con mandíbulas desencajadas se extienden a lo largo de una hilera interminable que se pierde en la oscuridad de estrechos pasillos subterráneos. Por ellos circula el rumor de que deambula por dichas catacumbas el espectro o fantasma de una dama vestida de blanco, y que de vez en cuando, al turista que se 'despista' de su grupo, se le manifiesta o aparece. Cuando eso ocurre, según esta leyenda, el visitante puede tener la certeza de que morirá antes que finalice el año.



