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miércoles, 13 de mayo de 2015

El cortijo Jurado


No se sabe a ciencia cierta la fecha de construcción del Cortijo pues no existieron planos oficiales hasta muchas décadas después de su construcción, pero vamos a suponer que fue levantado a mediados del siglo XIX, aunque personalmente creo que debió de construirse durante la segunda y tercera década. El enorme edificio es de un claro estilo gótico-anglosajón, de doble planta y de unas dimensiones bastante desproporcionadas incluso para las familias adineradas de la época. Se dice que tenía la friolera de 365 ventanas, algo que parece ser cierto aunque viendo las fotos, no me salen las cuentas. Adosado al edificio está la capilla y, según la rumorología local, sus entrañas están horadadas por profundos sótanos y siniestros túneles y pasadizos. El cortijo y lo que antaño fueron sus terrenos, están situados en las afueras de la ciudad de Málaga, en el barrio de Campanillas.
 
Familia Heredia.
Según se cuenta, en este lugar acontecieron una serie de hechos oscuros en la época en la que en el cortijo vivían los primeros Heredia, en los macabros acontecimientos también estarían involucrados los Larios, residentes en el cercano cortijo Colmenares, que en nuestros días es un club de golf.


Familia Larios.
Ambas familias mantenían una estrecha amistad, pues ambas llegaron a Málaga desde La Rioja (el apunte del origen es verídico, aunque el de la amistad es un punto dudoso que trataré más adelante). Cuenta la leyenda, en una fecha incierta, todavía en el siglo XIX, comenzaron a ocurrir en Málaga una serie de extrañas desapariciones de niñas que, sistemáticamente fueron asesinadas tras ser objeto de las más diversas vejaciones y de rituales de índole satánico. La familia Heredia no tardó en ser el punto de mira de las acusaciones de estos asesinatos, pues se les suponía perteneciente a la masonería y presuntamente, habrían importado estas prácticas satánicas de sus amistades en Francia y en Inglaterra. Algunos de los cuerpos de estas niñas aparecieron en la rivera de un río que corría cercano a la finca y que los mismos integrantes de la familia, habrían llevado hasta allí por los túneles secretos que comunicaban el cortijo con el río. En los sótanos, habría máquinas de tortura que eran usadas en dichos rituales.


Otro túnel secreto comunicaría el cortijo Jurado con el de Colmenares, por donde los invitados a estas lúgubres celebraciones podrían pasar sin ser vistos.
Esta, más o menos, es la leyenda original, pero como las leyendas suelen estar vivas y evolucionan con el paso de los años, la del cortijo Jurado no es una excepción. Durante la mayor parte del siglo XX, el cortijo y su leyenda queda bastante olvidado por todos, hasta que ya en la década de los noventa vuelve a tomar fuerza adornada con todo un despliegue de datos de índole parapsicológico. Curiosamente, los fenómenos comienzan a ocurrir cuando el cortijo entra en el ruinoso estado de abandono que se puede observar en las fotos, confiriéndole un aspecto ciertamente tétrico. En las publicaciones especializadas y más tarde, en la red, comienzan a circular fotografías de supuestos espíritus en sus ventanas, orbes y figuras que toman forma en los vapores de las noches frías, más tarde, las sesiones de ouija de supuestos adolescentes atrevidos, confirman e incluso dan nombre y apellidos de las pobres criaturas que allí fueron asesinadas, señalando en algunos casos el lugar exacto del patio donde están enterradas. Parapsicólogos de reputación graban psicofonías, algunas de ellas estremecedoras y algunos médiums salen sin respiración del cortijo tras sentir en sus entrañas la terrible presión de los hechos que allí acontecieron.
Cuando se llega a este punto, una marea de historias se desatan confundiendo ya la realidad y el tema tratado con seriedad con la broma fácil de las mentes aburridas que se dedican a inventar y a adjudicar historias y apariciones ficticias a la historia del cortijo y que todavía, muchas de ellas, son tratadas como verídicas por muchos. Cadáveres emparedados, personajes fantasmales que aparecen intermitentemente en el cortijo, extrañas luces, ruidos y golpes de origen desconocido, etc…
 
En el caso de los Larios,  D. Pablo Larios, padre de Martin Larios (I Marqués de Larios), se establecería en Málaga tras quedar viudo en los comienzos del siglo XIX, donde comenzaría sus florecientes negocios con exportaciones a través de Gibraltar y mucho más tarde con las bodegas y otras sociedades financieras. Martin, que se supone protagonista de esta historia junto a Manuel Agustín Heredia, no se establecería en Málaga hasta 1831, contando con 30 años,  tras la muerte de su hermano Manuel Domingo. Hasta entonces vivía en Cádiz o Gibraltar, controlando allí in situ los negocios familiares. En este punto, tras conseguir el Marquesado y tras los enormes beneficios comerciales que le aportó la guerra contra Napoleón, los Larios se convierten en una de las familias más notables de la ciudad.

Manuel Agustín Heredia, llega a Velez Málaga con quince años, en 1801 (Año en el que nació Martín Larios) y ya huérfano, en busca del progreso y del futuro que no puede conseguir en su provincia natal. Con empeño y tesón consigue empleo en una tienda de ultramarinos que no funcionaba demasiado bien y que a base de mucho trabajo consigue enderezar en no demasiado tiempo. Pasados unos años, y con Málaga tomada por los franceses, Heredia se introduce en el floreciente mundo del contrabando a través de Gibraltar. Sus idas y venidas de Málaga a Gibraltar son continuas y es más que posible que en esta época conociese e hiciera gran amistad con Martín Larios, que se encontraba también en Gibraltar y que posiblemente también tuviese bastante que ver con el comercio sumergido.
La cuestión es que Heredia no tarda en tomar una buena posición y comienza a formar parte de sociedades industriales, consiguiendo concesiones de explotaciones mineras en diversos lugares. Su carrera industrial sube como la espuma y en poco tiempo posee explotaciones agrícolas y mineras en tierras sudamericanas y una enorme flota naval con la que promover todo su comercio.
Su entrada en la burguesía Malagueña es cuando se casa con Isabel Livermore, familia de noble casta de dicha ciudad. Con lo cual, ya tenemos la conexión deseada. Heredia y Larios, en la misma ciudad, adinerados y con negocios y orígenes comunes. Es bastante lógico que incluso decidieran establecerse cerca el uno del otro.
La similitud en la arquitectura de ambos cortijos da que pensar que fueron diseñados por un mismo arquitecto, llegando a la conclusión de que la decisión de construir los cortijos en las afueras de Málaga fue conjunta, pese a que en el enclave del Colmenares, ya se tenía constancia de edificación desde 1747, apareciendo en el catastro del Marqués de la Ensenada. Posiblemente se remodelaría el edificio original.

Es difícil llegar a conclusiones acertadas cuando se tratan temas que acontecieron hace un siglo, pues se puede imaginar que el boca a boca tras tantos años puede llegar a deformar la realidad hasta darle un giro de 180º. Pero intentaré ir por partes, en primer lugar, es cierto que en Málaga ocurrieron una serie de asesinatos. Entre los años 1890 y 1920, cinco mujeres de edades comprendidas entre los 18 y los 21 años, fueron encontradas asesinadas en la orilla del río cercano a la casa, aparte de esto, no existen casos de desapariciones sistemáticas en los archivos policiales de la época.  Los cuerpos mencionados aparecían tras varios días de desaparición, aunque no hay constancia de que tuviesen algún tipo de signo de rituales satánicos o abusos sexuales. En este punto hay que indicar que tanto Heredia como Martín Larios ya habían muerto en estas fechas. Con lo cual, de ser alguna de las acusaciones ciertas, ya pasarían a sus descendientes.
 
El siguiente punto es el de los supuestos túneles. Esta leyenda se basa en el testimonio de un vecino de la zona llamado Manuel Martín, que según cuenta, siendo él un mozo en el año 1932, se coló en el Cortijo cuando no estaban sus moradores, como signo de valentía ante sus amigos. En la valiente incursión topó con un extraño pozo en el patio trasero que le condujo a una especie de caverna subterránea de la que partían túneles en varias direcciones. Según su testimonio, recorrió un túnel de más de dos kilómetros hasta que llegó a una puerta cerrada a cal y canto, (supuesto cortijo de los Larios), en la vuelta se introdujo en otros pasadizos en los que encontró todo tipo de máquinas y aparatos de tortura, nichos y huesos desperdigado; una escena realmente aterradora. También según su testimonio, nadie le creyó cuando contó lo que había visto en las entrañas del cortijo aunque su testimonio sin duda, ha sido la base de ésta leyenda. Décadas después y siguiendo sus indicaciones, con pico y pala se ha intentado buscar la entrada a ese túnel sin encontrar absolutamente nada. Se cuenta que durante las obras de remodelación del cortijo Colmenares, un camión cayó en el interior de un socavón en el mismo patio. Antes de que el dueño del Cortijo mandase rellenar dicho socavón,  algunos de los trabajadores pudieron ver que aquello era un sótano artificial del que salía un túnel en dirección al cortijo.
 
 
 
El paisaje ha cambiado mucho en los alrededores del Cortijo en los últimos tiempos, una autovía, canalizaciones, construcciones. Por otro lado, los dos Cortijos se podrían catalogar como residencias esporádicas de los Larios y de los Heredia, pues la enorme cantidad de negocios que tenían ambas familias hacían que los hombres tan apenas pasaran en ellas breves periodos de tiempo, y menores todavía eran las coincidencias de ambos. En los cortijos, los niños y sus mujeres vivían de un modo plácido y sin complicaciones, más allá de los asuntos locales y de la administración de la propia hacienda. Creo que el ambiente de estas familias estaba bastante alejado de los oscuros temas de misas negras y ritos satánicos.
 
 
 
El Cortijo fue vendido en las primeras décadas del siglo XX por los Heredia a los Larios. Más tarde estos lo revenderían a terceros. A finales de los 80 el cortijo fue comprado por los Jurado, de donde tomó el nombre. En el año 2000, el cortijo es vendido a una empresa hotelera que tiene la intención de remodelarlo completamente y construir allí un complejo turístico, desde entonces, el proyecto está congelado y el cortijo está totalmente abandonado.
 
 
 
 
 
 

viernes, 23 de enero de 2015

El misterio de la Cripta Chase

 
 
 
Esta historia tiene como protagonista principal a la tumba del Panteón Chase, esta tumba es una cripta de gran tamaño, construida en parte sobre la superficie y en parte bajo tierra y aunque en los registros de la iglesia se hace referencia a la tumba como la cripta Chase, en ella fueron sepultadas otras personas que no pertenecían a ésta familia.


Se construyó hacia el año 1742 por indicación de la familia Walrond, aunque ellos nunca llegaron a utilizarla y algunos años más tarde fue vendida a otra familia de apellido Elliot, pero al poco tiempo fue vendido por los Elliot a la familia Chase; que era considerada por muchos vecinos del lugar como una familia agresiva y violenta. El 31 de julio de 1807 el mausoleo recibió su primer ocupante, los restos de una mujer llamada Thomasina Goddard, pariente de los dueños del mausoleo fue enterrada allí en simple cajón de madera que colocaron en los anaqueles superiores de la cripta

 
Al año siguiente, fue enterrada una pequeña de dos años cuyo nombre era Mary Anne Chase en un pesado y sólido ataúd de Plomo. El 6 de julio de 1812, llegó Dorcas, una hermana mayor de Mary Anne, cuya muerte dio origen a algunas murmuraciones. Algunos comentarios indicaban que el tiránico padre de la chica la había atormentado hasta la desesperación, y que ella se había quitado la vida rehusando todo alimento. 



El cuerpo de la joven estaba en otro ataúd de plomo y era trasladado por esclavos que mientras descendían por la escalera que conducía al interior de la cripta descubrieron con horror como el cajón de la joven Mary Ann había sido corrido hacia el otro extremo del cuarto y estaba cabeza abajo. Los hombres huyeron despavoridos del lugar aseverando que el hecho era obra de espíritus malignos.



El coronel Chase obligó a otros subordinados que acomodaran el ataúd descolocado y ubicaran el nuevo en el sitio que le correspondía mientras acusaba a bandidos esclavos por lo acontecido.



Cuatro semanas después la tumba tuvo que abrirse otra vez para recibir el cuerpo del jefe de la familia Chase, el honorable Thomas Chase, quien era, según la opinión general, uno de los hombres más odiados de la isla. Y conforme la luz de la lámpara fue iluminando la cámara, se hizo claro que algo extraño había ocurrido en el lugar. Los cajones no se encontraban en sus posiciones originales. El de la infante Chase había sido arrojado, con la cabeza hacia abajo, a la esquina opuesta, en tanto que el de la señora Goddard se encontraba sobre un costado, contra la pared.
 

Los ataúdes fueron colocados nuevamente, con todo respeto, en orden; se añadió el de Thomas Chase a la hilera y se cerró una vez más la cripta.
 
 
 

Desde ese momento pasaron cuatro años hasta que el 25 de septiembre de 1816, la lúgubre losa de mármol en la entrada del sepulcro se alzó hacia un lado para dar entrada a otro niño. Samuel Brewster Ames había muerto a la edad de once meses. Al entrar el grupo acompañante de dolientes a la cámara, clavaron la vista y se quedaron horrorizados. Los féretros habían sido profanados nuevamente. Los cuatro cajones yacían volcados en salvaje desorden.

 

Los extraños acontecimientos fueron informados al gobernador de la isla Lord Combermere el que al comprobar con sus propios ojos lo ocurrido ordenó que se cubriera el piso del panteón con arena fina con el fin de que quien entrase para cometer su fechoría dejara marcadas las huellas a la vez dejó esparcidos por el lugar varios objetos de gran valor. Hizo cambiar además la vieja cerradura e indicó que sellaran la puerta de hierro con yeso y piedras. El gobernador plasmó su anillo en el cemento fresco a modo de sello de seguridad.

 

Sin embargo ésta seguridad no esclarecía los misteriosos hechos ocurridos ya que el cajón de la señora Goddard era una endeble caja de madera, fácil de mover. Pero el ataúd del señor Chase era tremendamente pesado. Estaba construido por un armazón interior de madera; la caja exterior estaba hecha de plomo. Con Chase dentro del féretro (un hombre gigantesco, que pesaba alrededor de 118 kilos) habían sido necesarias ocho personas para poner el ataúd en su sitio. Ahora se encontraba sobre un costado, varios metros hacia la izquierda del sitio donde había sido colocado. ¿Cómo habían podido los vándalos, cuando menos ocho de ellos, penetrar en la tumba y realizar su trabajo sin que se les hubiera visto?

 
 
En 1820 deciden abrir nuevamente el sitio y el gobernador de la isla acompañado de su secretario, Nathan Lucas y el reverendo Thomas Orderson entre otros presentes decidieron estar presentes.

 

La parte exterior del mausoleo estaba tal cual la habían dejado, sin señales de forcejeo ni alteración alguna en el sello del anillo, pero al derrumbar el cemento exterior descubrieron que había un féretro roto y que un hueso se asomaba por la rajadura, era el de Dorcas Chase. El de Mary Ann estaba apoyado cabeza abajo en el muro opuesto a la puerta, los 2 restantes desordenados por el suelo.

 

Por otro lado la arena estaba intacta y los objetos de valor estaban donde se los había dejado, nada parecía aseverar que la cripta se habría inundado o movido por un temblor ni que persona alguna pudiese haber entrado y además movilizado los pesados ataúdes. El secretario del gobernador tomó nota de la posición que tenían los féretros al momento de abrir el lugar.
 

 
Esta vez el reverendo Thomas Orderson, rector de la Iglesia de Cristo, junto con un magistrado y otros dos hombres, realizaron un registro minucioso de la cripta. Examinaron los muros y el techo abovedado en busca de humedad y encontraron el interior completamente seco. Escudriñaron el piso en busca de grietas y lo encontraron sólido. No había nada que ellos pudieran hacer, excepto supervisar la labor de colocar los féretros, una vez más, en el orden prescrito.

 
 
En cuestión de semanas, todos los habitantes de Barbados y de las Indias Occidentales británicas se habían enterado de los sucesos acaecidos en la Iglesia de Cristo. Multitudes de curiosos se dirigían al cementerio, para después agolparse alrededor de la cripta, e irritaban al reverendo Orderson con preguntas que él no podía responder.

 

Los curiosos tuvieron que esperar casi tres años antes de que se llevara al cabo la siguiente inhumación. El 17 de julio de 1819 el ataúd de madera de la señora Thomasina Clarke fue preparado para su sitio de descanso dentro de esa cámara de inquietud. No había ninguna duda acerca de la importancia de la ocasión. Aunque la señora Clarke había sido una persona de poca importancia mientras vivió, sus restos se vieron acompañados de la presencia del gobernador de Barbados, lord Combermere, los edecanes de éste, el comandante de la guarnición y por la mayor parte del clero de la isla, y por cientos de espectadores.

 

El cemento que sostenía la puerta en su sitio se encontraba sólido y sin tocar: algo del interior parecía estar resistiendo, algo pesado e inerte. Cuando la losa fue movida, se hizo claro de qué se trataba: el féretro del difunto Chase estaba atrancado firmemente contra la puerta de entrada, casi a dos metros de distancia del sitio donde había sido colocado.

 

Los otros ataúdes estaban dispersos. Los de los niños, que se habían colocado sobre los más grandes, yacían ahora sobre el piso de piedra. Únicamente la caja de madera de la señora Goddard se encontraba en el sitio donde había sido colocada.

 

A causa de los hechos inexplicables el gobernador hizo que el mausoleo se vaciara y trasladaran los cuerpos a otro nicho. Actualmente el panteón se encuentra abierto al público y puede acceder todo curioso que desee ver el sitio donde acontecieron los extraños sucesos siglos atrás.

 
 
Entrada a la cripta de la familia Chase vista desde adentro.
 

 

sábado, 17 de enero de 2015

102 años de misterio: los crímenes de Villisca.

 
 
 
 
 
Familia Moore.
La familia Moore, compuesta por el padre, Josiah (43 años), Sarah (39 años), y sus cuatro hijos: Herman (11 años), Katherine (10 años), Boyd (7 años) y Paul (5 años). Los Moore eran una familia acomodada, muy conocidos y queridos en Villisca.
El 9 de junio de 1912, Katherine Moore invitó Ina (8 años) y Lena (12 años) Stillinger a pasar la noche en su casa. Esa noche, las chicas que se iban a hospedar con la familia Moore acudieron a la iglesia presbiteriana donde participaron en el programa del Día del Niño que Sarah Moore había coordinado. Después que el programa terminara a las 9:30 pm, los Moore y las hermanas Stillinger caminaron hasta la casa de los Moore, llegando a las 09:45-10 pm.
 
 
 

Hacha hallada en el lugar del crimen.
 
A las 7 am del día siguiente, Mary Peckham, vecina de los Moore, empezó a preocuparse después de darse cuenta de que la familia Moore no había realizado las tareas matutinas. Peckham llamó a la puerta de los Moore, pero nadie respondió. Trató de abrir la puerta y descubrió que estaba cerrada con llave, asique llamó a Ross Moore, hermano de Josiah. Mary Peckham y Ross Moore, que tenía la llave de la casa, entraron y fueron directo hasta el dormitorio donde dormían Ina y Lena Stillinger. Allí las encontraron, en la cama, con la cabeza partida a causa del un golpe de hacha. Moore inmediatamente llamó a Hank Horton, el jefe de la policía de Villisca, que llegó poco después. Registró la casa y el resultado fue ver a toda la familia Moore y a las dos niñas Stillinger muertos. El arma homicida, un hacha perteneciente a Josiah, fue encontrada en el cuarto de huéspedes, donde se encontraban las hermanas Stillinger.
 
Los médicos llegaron a la conclusión que los asesinatos habían tenido lugar poco después de la medianoche. El o los perpetradores, comenzaron en el dormitorio principal, donde Josiah y Sarah Moore estaban dormidos. Josiah recibió más golpes de hacha que el resto; su rostro tenía tantos golpes que sus ojos habían desaparecido. A continuación, el asesino entró en las habitaciones de los niños y golpeó a Herman, Katherine, Boyd y Paul en la cabeza de la misma manera que sus padres. Después, se dirigió a la planta baja, al dormitorio de invitados y mató a Ina y Lena. Un dato curioso fue que tras acabar la masacre, cubrió todos los espejos de la casa, tapó las ventanas con las cortinas, y en las que no había las cubrió con trapos para que nadie descubriera nada desde el exterior y hasta cubrió con paños el rostro de cada una de sus víctimas antes de dejar la escena del crimen, dejando el hacha en el último dormitorio. Cuando se marchó de allí cerró la puerta de calle con la llave de la casa, y la hizo desaparecer.
 
 
 
Lena e Ina Stillinger.
 
 
 
 
 
Los investigadores creen que todas las víctimas, excepto Lena Stillinger, estaban durmiendo en el momento del ataque. Los investigadores también creen que Lena intentó defenderse ya que se encontraba tumbada transversalmente en la cama y tenía una herida defensiva en el brazo. Además, encontraron que el camisón de Lena se hallaba subido hasta la cintura y sin ropa interior, lo que llevó a la especulación que el asesino abusó de ella o al menos lo intentó.
 
 
 
 
 
Investigación
 
A lo largo de la investigación, surgieron muchos sospechosos posibles, incluyendo el reverendo George Kelly, Frank F. Jones, William Mansfield, Loving Mitchell y Henry Lee Moore. George Kelly fue juzgado dos veces por el asesinato. En la primera ocasión concluyó con el desacuerdo del jurado, mientras que el segundo juicio terminó en un veredicto de no culpable. Otros sospechosos en la investigación también fueron exonerados.

 
 
Andrew Sawyer
 
De acuerdo con Thomas Dyer de Burlington, Iowa, un capataz de puente y martinete para el ferrocarril Burlington SA (Andy Sawyer) se acercó a su equipo en Creston a las 6:00 am de la mañana, hora aproximada en que fueron descubiertos los cuerpos. El Sr. Sawyer iba bien afeitado y vestido con un traje marrón cuando llegó. Sus zapatos estaban cubiertos de lodo y sus pantalones mojados casi hasta las rodillas. Preguntó por un empleo y el Sr. Dyer necesitaba un hombre extra por lo que le dio un puesto de trabajo en el lugar.
El Sr. Dyer declaró después de esa noche que Sawyer compró un periódico. Este publicaba en la portada los asesinatos de Villisca y según Dyer, Sawyer "estaba muy interesado en el artículo". Los compañeros de Dyer se quejaban de que Sawyer dormía con la ropa puesta y que estaba ansioso por estar solo. También estaban incómodos con que Sawyer se acostaba con su hacha y que a menudo hablaba de los asesinatos en Villisca y de si el asesino había sido ya detenido.
 
Aparentemente Sawyer le contó que había estado en Villisca la noche del domingo y había oído hablar de los asesinatos y tenía miedo de que le pudieran considerar sospechoso, por eso se fue y se presentó en Creston. Dyer sospechó de él y lo entregó al alguacil el 18 de junio de 1912.
 
Antes que llegara el sheriff, Dyer declaró que caminaba detrás de Sawyer y él se frotaba la cabeza con ambas manos, de repente se levantó y dijo para sí: "Voy a cortar la maldición de Dios", a la vez que hacía movimientos con el hacha.
 
Dyer Jr. también declaró que un día en el que el equipo atravesaba Villisca, Sawyer le dijo que le iba a mostrar por donde el hombre que mató a la familia de Moore salió de la ciudad. Dijo que el hombre que cometió los asesinatos saltó sobre una caja de estiércol, que señaló a una manzana y media, y luego le mostró donde cruzó la vía del tren, cuya tierra estaba cubierta de huellas. Sawyer, sin embargo, fue descartado como sospechoso en el caso, cuando se descubrió que era capaz de demostrar que había estado en Osceola la noche de los asesinatos. Había sido arrestado por vagancia y el sheriff de Osceola recuerda haberlo dejado en un tren aproximadamente a las 23 hs.
 
 
 
 
 
Reverendo George Kelly


El reverendo Kelly, sobre quien se decía que estaba un poco desequilibrado (y hasta corrían rumores de pedofilia), era un ministro viajante que pasó a ser profesor en los servicios del Día del Niño, el 9 de junio, donde la familia Moore asistió a la iglesia. Él y su esposa salieron de la ciudad temprano el 10 de junio, el día en que los cuerpos fueron descubiertos.
 
 

Rev. George Kelly.
 
 

 
Frank F. Jones
 
Frank Jones.
Jones era un residente de Villisca. Josiah Moore había trabajado para Frank Jones en su tienda durante muchos años antes de abrir la suya propia. Se dice que Moore le quitó el negocio a Jones, abriendo un muy exitoso concesionario John Deere. También se rumorea que Moore tuvo un romance con la hija de Frank Jones, aunque no hay evidencia.
 
 
 
 
 
William Mansfield
 
Otra teoría era que Frank F. Jones contrató a William "Blackie"
William Mansfield.
Mansfield para que asesinara a la familia Moore. Se cree que Mansfield era un asesino en serie (mató a su esposa y a su propio hijo con un hacha dos años después de los crímenes Villisca), y también que ha cometido los asesinatos con hacha en Paola, Kansas, cuatro días antes de los crímenes Villisca, cometiendo el doble homicidio de Jennie Miller y Jennie Peterson, en Colorado. La ubicación de estos delitos eran accesibles en tren, y todos los asesinatos se llevaron a cabo exactamente de la misma manera.
 
 
Sin embargo, Mansfield fue puesto en libertad después que un gran jurado especial del condado de Montgomery se negara a acusarlo. Nueve meses antes de los asesinatos en Villisca, otro caso similar de asesinato con hacha ocurrieron en Colorado Springs, Colorado y otros dos nuevos casos en Ellsworth y en Paola, Kansas. Los casos eran tan similares que la posibilidad de que todos fueron cometidos por la misma persona era imposible de descartar. Otros asesinatos mencionados por ser "vinculados" a estos crímenes incluyen los numerosos asesinatos de hacha sin resolver a lo largo del ferrocarril pacífico meridional desde 1911-1912 y también en Nueva Orleans para esas fechas.
 
 
Víctimas en Paola, Kansas.
 Mansfield fue también el principal sospechoso de la Agencia de Detectives de Kansas, siendo el detective James Newton Wilkerson quien planteó la teoría que era un adicto de cocaína y un asesino en serie. Wilkerson también creía que Mansfield fue el responsable de los asesinatos de su mujer, su hijo y de sus suegros en Blue Island, Illinois, el 5 de julio de 1914 (dos años después de los asesinatos Villisca), los asesinatos cometidos en Paola y los asesinatos de Jennie Peterson y Jennie Miller en Aurora, Colorado, todos con un hacha.
 
 
 
 
Víctimas en Colorado.
Según la investigación de Wilkerson, todos los asesinatos fueron cometidos precisamente de la misma manera. Wilkerson dijo que podía probar que Mansfield estaba presente en cada uno de estos lugares la noche de los asesinatos. En cada caso, las víctimas fueron asesinadas a machetazos con un hacha y los espejos en las casas estaban cubiertos. En todos el asesino evitó dejar huellas usando guantes, que Wilkerson creía era fuerte evidencia que el hombre era Mansfield, y que conocían sus huellas porque estaban en los archivos de la prisión militar federal en Leavenworth.
 
Wilkerson logró convencer al jurado para abrir una investigación en 1916 donde Mansfield fue arrestado y llevado al condado de Montgomery en Kansas. Los registros de nómina, sin embargo, presentaron una coartada que situaban a Mansfield en Illinois al momento de los asesinatos en Villisca. Fue puesto en libertad por falta de pruebas y más tarde ganó un pleito interpuesto contra Wilkerson y recibió $ 2,225. Wilkerson cree que la presión de Jones dio lugar no sólo en la liberación de Mansfield, sino también en la posterior detención y el juicio del reverendo Kelly. Sin embargo, un señor "RH Thorpe", un propietario de restaurantes en Shenandoah, identificó a Mansfield como el hombre que vio a la mañana siguiente de los asesinatos en Villisca a bordo de un tren en Clarinda. Por otra parte, se informó que una "Sra. Vina Thompkins", de Marshalltown, se dirigía a declarar cuando escuchó a tres hombres en el bosque planear el asesinato de la familia Moore poco antes de la matanza.
 

 
 
Henry Lee Moore
 
Henry L. Moore.
Hubo otro hombre que se cree que es el asesino del hacha: Henry Lee Moore. Se sospecha que también es un asesino en serie (por su apellido no estaba relacionado con la familia Moore), y que también fue condenado por el asesinato de su madre y abuela varios meses después los asesinatos en Villisca. Su arma preferida siempre fue un hacha. Antes y después de los asesinatos en Villisca, los asesinatos del hacha fueron muy similares a los antes mencionados y en todos los casos se vieron sorprendentes similitudes, lo que lleva a la posibilidad que los crímenes fueron cometidos por un asesino en serie con hacha y, al igual que "Blackie" Mansfield, Henry Moore también puede ser considerado como sospechoso en estos asesinatos, sin embargo, el caso sigue abierto.
 

 
 
Sam Moyer
 
En la investigación, se informó de que Sam Moyer (hermano de Josiah) a menudo amenazó con matarlo. Sin embargo, tras una investigación, la coartada de Moyer lo exoneró del crimen.
 
...

 
 
Hoy, la casa de la familia Moore en Villisca está abierta al público como Museo, con fotografías y toda la evidencia que se logró reunir en aquel entonces esperando ser descifrada... como si cien años más tarde, las almas que aún están atascadas allí, pidieran a gritos descansar en paz. 
 
 
 
 
 
 
 
 
La casa Moore, en Villisca, hoy es un museo.
 
 

domingo, 1 de junio de 2014

La silla maldita de Busby

Tom Busby era un canalla, uno de esos que pasan más tiempo borrachos que sobrios y se ganan la vida robando, estafando y engañando. A pesar de ello, logró enamorar a la bella Kirby Wiske y se casó con ella aún contando con la tenaz oposición del padre de la muchacha, quien meses después de la boda todavía no perdía la esperanza de recuperar a su hija de las garras de semejante villano.
 
Una noche, tras regresar de la taberna, Busby entró en casa y se encontró a su suegro esperándole tranquilamente sobre su silla favorita, una vieja silla de roble con respaldo alto. Montó en cólera al oír cómo el padre de su mujer le comunicaba que aquella misma noche tenía la intención de llevársela con él de regreso al hogar familiar. Sin miramientos, lo tomó de las solapas y lo arrojó a la calle.
Probablemente Busby se encontraba muy ebrio. Tras darle vueltas de forma obsesiva a la idea de que su suegro no cesaría hasta llevarse a su hija, se dirigió a la casa de este, irrumpió en ella y lo asesinó, dicen que estrangulándolo con sus propias manos. Busby fue detenido, juzgado y condenado a morir en la horca. La sentencia se ejecutó en un lugar muy próximo a donde la pareja había vivido. Corría el año 1702.

En la actualidad, la casa de Tom Busby es una taberna que, en su honor, se llama The Busby Stoop Inn y lleva muchas décadas abierta. Se dice que su fantasma puede verse algunas veces paseando por ella, con la soga todavía al cuello, y que una vieja silla conservada allí hasta finales de los años '70 es la suya y está maldita. Cuentan que mientras lo arrastraban a los calabozos, Busby juró que cualquiera que se sentase en ella moriría al poco tiempo de una forma tan repentina y violenta cómo lo había sido su propia muerte. Y, según afirman, la maldición ha venido cumpliéndose desde hace tres siglos.
 
A la silla se le atribuyen más de sesenta víctimas, aunque estas siempre podrían deberse a una casualidad. Entre ellas se cuenta un piloto de la RAF muerto en combate; un automovilista fallecido a causa de un accidente de tráfico; un autoestopista atropellado tras salir de la taberna... Estas personas murieron después de sentarse en la vieja silla del Busby Stoop Inn, dentro de un plazo que va de unos minutos a meses. En principio nada anormal, más allá de la coincidencia. No obstante, el propietario de la taberna durante los años '70, Simon Theakston, afirmaba estar convencido de que la maldición era auténtica, y consideraba que durante los últimos 200 años se habían producido demasiadas muertes relacionadas con la silla como para tratarse de una casualidad. En 1978 decidió deshacerse de ella entregándola al Thirsk Museum, en donde se exhibe desde entonces, sujeta por cadenas al techo de una sala para que de esta manera nadie pueda sentarse en ella.







martes, 20 de mayo de 2014

Baychimo: el barco fantasma del Ártico

 
 
El carguero a vapor Baychimo fue botado en Suecia en 1914 con el impronunciable nombre de Ångermanelfven, con bandera alemana. Durante la Primera Guerra Mundial realizó rutas comerciales entre Suecia y Alemania, y al acabar el conflicto fue entregado a Inglaterra como parte de las reparaciones de guerra que los germanos tuvieron que pagar. En 1921 lo compró la Hudson´s Bay Company, americana, que lo renombró con el que sería su nombre definitivo: Baychimo. Durante los siguientes años realizó hasta nueve viajes al norte de Canadá; su misión era entregar alimentos y suministros a la comunidad esquimal a cambio de pieles. Pesaba algo más de 1.300 toneladas y tenía 70 metros de eslora.
 
El 1 de octubre de 1931 el barco quedó atrapado en el hielo y la tripulación tuvo que caminar hasta el cercano pueblo de Barrow (la ciudad más septentrional de Estados Unidos; es aquí donde se desarrolla el cómic 30 días de Oscuridad) para buscar ayuda. Durante su estancia en Barrow el Baychimo quedó libre y la tripulación volvió a embarcar. El día 8 volvieron a quedar congelados, y esta vez el barco no se liberaría con tanta facilidad. Unos días después la Hudson´s Bay Company envió un avión para sacar de allí a parte de la tripulación, dejando 15 hombres atrás con la intención de aguantar el invierno como pudiesen. Un mes después, el 24 de noviembre, se desató una tempestad y los hombres buscaron refugio en unas improvisadas viviendas de madera que habían construido. Cuando la tormenta finalmente amainó, no vieron rastro alguno del barco. Supusieron que la tormenta lo habría dañado y hundido, pero se equivocaban: unos días después, supieron por un cazador de focas esquimal que el barco había vuelto a quedar atrapado en el hielo a más de 70 kilómetros de su anterior posición. Los 15 hombres buscaron la nave y, creyendo que no sobreviviría al invierno, rescataron lo que pudieron y abandonaron el barco a su suerte antes de volver a sus casas. Al menos, en esta historia, no hay terribles muertes en alta mar.
Hudson´s Bay Company
 
El Baychimo, después de todo, no se hundió. A lo largo de los años fue visto por muchos habitantes del helado norte de Canadá y Alaska, flotando apaciblemente o incrustado en alguna masa de hielo. Algunos llegaron a subir a bordo, pero nunca consiguieron hacerlo navegar de nuevo. En marzo de 1932, el explorador Leslie Melvin divisó al Baychimo muy cerca de la costa mientras viajaba en un trineo tirado por perros. Logró subir a bordo y encontró gran parte de las valiosas pieles intactas en las bodegas. Un año más tarde, un grupo de 30 esquimales lo abordaron y recorrieron el barco desierto, pero una tormenta les mantuvo atrapados durante diez días sin poder volver a sus kayaks. En verano de 1934 un grupo de exploradores volvieron a subir a bordo del barco fantasma. Se hicieron algunas tentativas de rescate, pero nunca llegaron a concretarse: cada vez, el barco estaba demasiado lejos de la costa, o rodeado de peligrosos témpanos, o atrapado por el hielo en un lugar de muy difícil acceso. Durante décadas el Baychimo logró sobrevivir a uno de los mares más temibles del planeta y se convirtió en una especie de espectro de acero que surcaba errabundo las aguas árticas. El hielo y el mar no parecían conseguir hundirlo, y los humanos tampoco tuvieron más suerte tratando de recuperarlo…
 
Su última aparición fue en 1969. Desde entonces, y aunque el gobierno de Alaska ha mostrado recientemente su interés por conocer el paradero del barco, nada se ha sabido del resistente y terco barco fantasma Baychimo.
 
 
 
 
 
Fuentes: historiaextravagante.com, cupuladeltrueno.wordpress.com