domingo, 29 de enero de 2012

Castillo de Falkenstein



Muchos testigos han afirmado que entre sus muros hay una intensa actividad poltergeist, en especial dentro de uno de los cuartos.
Leyenda: Dicen, que cada día de Navidad, aparece un monje encadenado en la gran terraza del palacio. Además, se escuchan tiros, cosa que no es casual, pues allí se suicidó Eduardo VII (Nota: Eduardo VII falleció víctima de una bronquitis).

Historia: En el año 1180, el Emperador Francisco Barbarroja despojó a los güelfos del ducado de Baviera , y lo cedió al conde Otto VI de Wittelsbach. Desde entonces, esta familia ha gobernado varios reinos de Europa. Sin embargo, se dice que a lo largo de los siglos, la dinastía de los Wittels-bach ha estado sujeta a una extraña melancolía y profundos disgustos. Por ejemplo, en el S. XV, un miembro de esta familia, el Duque Albrecht III de Baviera, se enamoró y se casó con Agnes Bernauer, hija de un zapatero. Un día en que el duque salía de viaje, su padre, el Duque Ernest, furioso por el matrimonio, ordenó apresar a Agnes acusándola de brujería. Pronto fue hallada culpable y se le condenó a morir ahogada.

Pero también hay que decir que los Wittelsbach se caracterizaron por su sensibilidad artística. Los duques coleccionaban cuadros, esculturas, medallas, platería, cristales y joyas que hasta hoy pueden verse en los museos de Alemania. Y, por último, puede mencionarse como miembros de esta casa real a la Reina Elizabeth de Suecia, amiga del filósofo René Descartes, y a
Sissi, la Emperatriz de Austria.
A esta ilustre familia perteneció Luis II (1845-1886), Rey de Baviera, quien tuvo una personalidad enigmática. Algunos lo conocen como el Rey Loco, ya que se contaba que fue perdiendo la razón durante su reinado; también se cuenta que sus extravagancias eran tantas que irritó a su familia y a su corte; y, por último, se decía que el pueblo de Baviera se olvidó de él, ya que pasó los últimos 11 años de su vida oculto en sus excéntricos palacios. Pero resulta que desde su nacimiento, los malos augurios rodearon su cuna. Como escribe el historiador Pierre Combescot en su biografía Luis II de Baviera (FCE, 1989): ¿Heredará el alma neurasténica de los Wittelsbach, sus pasiones románticas y con ellas, las pesadas taras de la familia de los Hesse-Darmstadt? Alemania recuerda todavía al príncipe Luis de Hesse, errando en su palacio aterrorizado por su sombra. De su madre heredó la sangre de los Hohenzollern, en la que corre la de los Brunswick-Hanover. Al igual que en los Hesse, la locura de dicha familia es conocida. La locura rodea por doquier la cuna real, el Rey Federico-Guillermo, padrino y tío del niño, se hundirá rápidamente en la más total demencia. Sí, seguramente el joven Luis II no se asombró cuando, al cumplir 18 años, comenzó a escuchar en su cabeza voces.Desde niño, lo que más le gustaba era jugar a construir castillos y disfrazarse, sobre todo de monja, como escribió su madre. Más adelante, su hermano Otto se convirtió en el compañero de toda su infancia. Cuando cumplió 16 años, el joven heredero lee que la ópera real presentará Tannhäuser, de Wagner, así que pide permiso a su padre para asistir. Cómo se deslumbró con esta música; estaba convencido de que Wagner conocía sus secretos más íntimos y sus emociones. Imaginaba que sólo él tenía la clave para entender música tan compleja.El 25 de agosto de 1863 cumple 18 años. Entonces, tiene derecho a un departamento propio. A su servicio están un secretario y dos ayudas de cámara. Uno de ellos es el Príncipe Pablo de Thurn y Taxis, quien se convierte en su amor de juventud. La familia de Pablo quemó todo su archivo personal para cuidar su imagen, pero Pierre Combescot encontró algunas de las cartas que Pablo envió al futuro monarca, las cuales no dejan la menor duda del tipo de relación que llevaban.
 

A los 18 años, Luis II es un joven muy atractivo; mide 1.90 de estatura y, gracias a la equitación, la natación y las caminatas por la montaña, tiene músculos muy bien formados. Lo único que al joven no le gusta son las orejas ligeramente separadas, por lo que comienza a rizarse el pelo para remediar su aspecto. Dicen que por esas épocas, Luis II era muy ingenuo con respecto a la sexualidad. Una tarde en que viajaba en su carruaje, vio a un joven rubio con el torso desnudo trabajabando en un aserradero. Mandó llamar a un fotógrafo y le pidió que hiciera una serie de imágenes del joven, pues decía que era la encarnación de Lohengrin, el héroe de la ópera de Wagner. Luego se fue, pero antes le dio un beso en la frente y le regaló sus mancuernillas. Por otra parte, cuando le dijeron que Wagner tenía relaciones con Cosima von Bülow, Luis II dijo con inocencia: No comprendo qué quieren decir con que Wagner y la señora de Bülow se encuentren en la misma cama. ¿Qué pueden hacer juntos?.Cuando cumplió 22 años, su familia organizó un noviazgo con su prima Sofía de Baviera. Una tarde en que Luis II tenía que visitar a su prima, hizo su primer paseo a caballo acompañado del domador de caballos del castillo, Ricardo Hornig. Nunca llegó a su cita. En cuanto conoció a Ricardo olvidó por completo a su novia. Ricardo fue el amor de su vida, el que soportó sus desplantes, el que le sirvió por décadas y el que lo despertaba todas las mañanas con un beso en la frente. No obstante, Luis II toleró y hasta favoreció que Ricardo se casara y tuviera hijos, siempre que estuviera cerca y a su servicio. Y Ricardo siempre quiso al Rey a pesar de sus aventuras con nobles, cantantes, actores y vasallos.
Había otra pasión a la que Luis II fue fiel toda la vida: la música. Siempre admiró a
Wagner y no le importó darle todo lo que le pidiera, al grado de que las peticiones económicas del compositor alarmaron a la corte. No obstante, el Rey y Wagner creaban su propio mundo y no les importaba que toda la corte conspirara contra ellos. Hay que mencionar que incluso los diarios más reaccionarios escribían encendidos ataques contra el compositor favorito del monarca.
Lo cierto era que el rey tenía una sincera admiración por la música de Wagner, y que a pesar de los roces que llegaron a existir entre ellos, siempre estuvieron comunicados. En 1883, Wagner murió en Venecia de un infarto. A su velorio llegaron miles de coronas de flores, pero sobre el carro fúnebre del compositor sólo se pusieron las dos coronas que mandó Luis II. El 16 de febrero, el monarca le envía una carta a Cosima: Me es imposible plasmar el profundo dolor que llena mi alma acerca de la horrorosa e insustituible pérdida que hemos padecido.A partir de entonces, lo que realmente quería Luis II era escapar, evadirse para siempre, pero hacerlo de una manera completamente artística. Comenzó a construir castillos, los más extravagantes, monumentales y, sobre todo, los de más dudoso gusto. Primero hizo el castillo de Neuschwanstein y posteriormente el de Linderhof y el de Herrenchiemsee. Sólo faltaba concluir el castillo de Falkenstein para tener, como Wagner, su propia tetralogía. Su gusto arquitectónico no era refinado. Dicen que sólo alguien como Walt Disney podría maravillarse con esa arquitectura; de hecho hay quien afirma que el castillo donde se realiza el baile en el que Cenicienta se enamora del príncipe está inspirado en los castillos de Luis II.
Era tan obsesivo que se dedicó a revisar todo tipo de detalles. Cuando construía el castillo de Neuschwanstein, dijo al pintor que estaba haciendo una serie de cuadros sobre la Edad Media: Deseo que el barco esté más alejado de la ribera, que la silueta del caballero Lohengrin sea más esbelta, que la cadena que une la barca al cisne sea de oro y no una guirnalda de rosas, en fin, que se le imprima un estilo más medieval al castillo que se percibe en segundo plano. Este último castillo era un homenaje a
Wagner.Poco a poco, el monarca comenzó a tener aversión por la gente. Cuando construyó el castillo de Linderhof, mandó que el comedor tuviera un mecanismo que sirviera su comida sin necesidad de ver a los meseros; de esta forma, el monarca podía comer acompañado sólo de sus fantasmas. En la mente del rey sólo estaba la obsesión de copiar los castillos de Francia, pero por más dinero que pusiera, parecía faltarle el gusto para poder hacer un castillo realmente hermoso. En una isla del Chiemsee quiso hacer una réplica de Versalles. Todavía no terminaba de construirla y ya tenía en mente la idea de un nuevo palacio. Pero había algo que lo mortificaba tremendamente: sus aficiones arquitectónicas lo habían llevado a la ruina. Y no tenía autoridad para mantener la confianza de su corte.
Castillo de Linderhof
Desde la muerte de Wagner, el rey deja de recibir gente. La última vez que fue a Munich, a principios de 1883, tenía el aspecto de un fantasma. Dicen que los padres quitaban a los niños de las ventanas, consolándolos: Mi niño, es sólo una sombra que pasa. Después de eso, ya nadie volvió a verlo. Ya no quedaba nada del rey romántico; ahora era un hombre obeso y trastornado. Estaba tan deprimido que incluso despidió a Ricardo, quien desapareció para siempre de su vida. Amenazaba de muerte a sus criados y comenzó a rumorarse que mandaba azotarlos porque sentía placer al verlos sufrir. Incluso se decía que uno de ellos murió durante una de esas sesiones. Y, por último, comenzó a ordenar que mataran a sus sirvientes hasta por las faltas más pequeñas.
Apenas tenía 40 años y ya no le quedada ningún diente. Después de dos décadas de derrochar sin moderación, su fortuna personal se agotó y las arcas reales tenían una deuda de 13 millones de marcos, así que el monarca busca al Sha de Irán para pedirle un préstamo. En una ocasión hasta pensó en contratar a unos lacayos para asaltar el Banco Nacional de Baviera. Concentrado en la manera de encontrar dinero, Luis II no imaginó que sus ministros planeaban una conspiración contra él, en la cual participó su primo Luitpoldo. Se contrató a un alienista para que hiciera un dictamen médico que declarara loco al rey. Ese documento se hizo sin revisar al monarca. Cuando Luis II estuvo frente al médico, le dijo
: ¿Cómo hizo un documento así sin siquiera verme?. Y el alienista le respondió: No era necesario. Gracias a ese dictamen, el rey fue sacado de su palacio y hecho prisionero en un castillo, en donde se ordena que no permanezca solo. Sin embargo, lo ven tan inofensivo que le permiten salir acompañado de su médico a caminar por el lago cercano.
Sissi.

La tarde del 13 de mayo, Luis II y su médico salieron a pasear. Tal vez el rey recordó que ese lago era el mismo en el que acostumbraba ir con Ricardo a bañarse por las noches. Sin que el médico se diera cuenta, el monarca se desvió del camino y comenzó a caminar al interior del lago. Cuando el doctor pudo darse cuenta, comenzó a correr tras él, pero sus pies se enredaron con el sobretodo y el paraguas. El rey se encontraba muy adentro del lago, pero el médico lo alcanzó y comenzó a forcejear con él. Los dos lucharon, pero estaban enredados en las algas, y luego de unos segundos de forcejear, se hizo el silencio en el lago. Al otro día, cuando los criados descubren los cadáveres, vieron que el reloj del rey se había detenido a las 6:54 de la tarde. Dicen que Luis II había estado particularmente tranquilo y afable desde unos días antes de su muerte. Tal vez recordaba con nostalgia las palabras que muchos años antes le había dicho su prima, la Emperatriz  Sissi:No pienses en lo que el mundo pueda decir o escribir. ¿Quién puede tocarnos? Podemos permitirnos todo.


Interés parapsicológico:

La familia Von Asseburg compró este
castillo a mediados del siglo xv y sigue siendo dueña de la propiedad. Durante siglos, un cuarto del castillo permaneció cerrado, al menos hasta 1839, fecha en la que fue abierto por trabajadores y clausurado casi inmediatamente ya que hallaron el esqueleto de una mujer. Pasaron cien años para que volviera a abrirse: soldados estadounidenses durante la ocupación de Alemania al final de la Segunda Guerra Mundial irrumpieron en él y se dice que encontraron un cuchillo de carnicero colgando de una cadena en el techo. La recámara en cuestión no sólo es popular porque al parecer tenía que permanecer cerrada para contener los espíritus que ahí se amasaban, sino porque el centro de la actividad paranormal se dice que es una cama.
Actualmente es un museo.
Otra vista del castillo Falkenstein.


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