sábado, 28 de enero de 2012

La leyenda de la mansión Mujica



 
Al capitán Mujica le fue encomendada la tarea de proteger la Virgen del Carmen, regalo del reinado español a la nueva Iglesia Mexicana. Al encallar en México, le rindieron un gran banquete de celebración en su honor. A la fiesta asistieron las mujeres más hermosas de la región y se dice que entre ellas había una tal vizcondesa Saibfotkin.

 

El capitán Mujica, hombre de amores pasajeros y muchas mujeres, cayó embelesado por Saibfotkin, la que - después de meses de insistencia - aceptó el cortejo, pero el día del matrimonio desapareció. Para el Capitán aquello fue la mayor de las afrentas.


Se dice que su labor por esos tiempos fue paupérrima, por lo que se le quitó el honor del cuidado de la Virgen. Sumido en el fracaso emigró hacia el sur.


 
En Ecuador se vio involucrado en un robo de joyas y fue preso. Al año de presidio logró escapar y, en su huida, fue socorrido por una joven mujer, una bruja de las selvas, de la cual no existe registro de su nombre.

La leyenda narra que, ante los ojos de Mujica, la mujer le recordó a la ingrata vizcondesa Saibfotkin y motivado por una sed de venganza le enamoró. La bruja entregó su corazón y después que el capitán retirado sació su libido le abandonó.

En Perú, Mujica se comprometió con una acaudalada doncella de gran dote, pero en su boda apareció la bruja a quien dejó y, se relata, maldijo, en plena iglesia delante de la novia, familiares e invitados, al sorprendido militar.

 
La maldición de la bruja había sido conjurada para que Mujica jamás pudiere volver hacer feliz y cualquier intento de prosperidad se vería enturbiado por la fatalidad, la desdicha y el olvido. Mujica no tomó en cuenta las palabras de la bruja, su matrimonio se realizó y continuó con todos sus planes.


Con el pasar de los meses la familia de la esposa de Mujica comenzó a tener diversos problemas financieros que en el transcurso de un año le llevaron a perder toda la fortuna. Solo lograron conservar la mansión donde vivían. El capitán intentó rehacer el patrimonio familiar, pero toda empresa que realizó se sumergió en el fracaso.

Con los años quedó solo y emigró a Chile. Aquí terminó trabajando para un terrateniente de la zona que, como una ironía del destino, se llamaba Críspulo Mujica. El Capitán descubrió que éste era un hijo ilegítimo, uno de los tantos que dejó en su vida. Críspulo cuando conoció la verdad de su padre, cayó en un severa depresión que lo llevó a la muerte meses después.


El gran capitán Mujica terminó viviendo como uno más de los criados de La mansión de Críspulo, al servicio de sus propios nietos que nunca supieron la verdad.

Don Críspulo Mujica y su esposa Virginia Valenzuela.


Se dice que en su lecho de muerte, en el lugar más masmórrico de la mansión, recibió una única visita de una misteriosa mujer que jamás se supo su nombre, pero que Mujica conocía muy bien y que le recordó que con su muerte la maldición no terminaría, dejando todo lo que llevara su nombre en la más profunda de las tinieblas.

El año 2005, y después de años de abandono, la gran casa Mujica se consumió en un incendio; hoy sólo quedan restos de ella.


 

 
 Imágenes de la mansión Mujica luego del incendio de 2005.


 


 

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